sábado, 17 de marzo de 2012

KIBBUTZ CONTEMPORARY DANCE COMPANY

DANZAS DE INFRAMUNDOS
MARIAN PIDAL


FESTIVAL DE DANZA DE OVIEDO
Obra: ‘Infrared’.
Intérprete: Kibbutz Contemporary Dance Company.
Coreografía, texto y escenografía: Rami Be’er.
Música: Bach, Nine Inch Nails, Animal Collective y otros.
Lugar: Teatro Campoamor.






Rami Be’er es uno de los coreógrafos más destacados del momento y el ballet ‘Infrared’, el título mimado de su repertorio. Como director artístico, escritor y escenógrafo, Be’er revalida el triunfo cada vez que confía su interpretación al Kibbutz Contemporary Dance Company.
El jueves, en el Festival de Danza de Oviedo, El KCDC defendió una versión de ‘Infrared’ que desató controversias pero no indiferencia. Con el marchamo de ‘ballet de vanguardia’ a las espaldas, la producción se rige por la apertura conceptual y estética más que proclive a la disparidad de interpretaciones y críticas. Cada espectador defiende su lectura personal y experimenta de forma innata sentimientos individuales difícilmente transferibles. A ello contribuye el simbolismo que desprende el poema ‘In The Black Garden’, escrito por el propio Be’er, desprovisto de postulados éticos o moralejas.
En ‘Infrared’ los intérpretes danzan y evolucionan en un inframundo balbuciente poblado por seres larvados, felinos recelosos y homínidos corcovados que se interrelacionan bajo la férrea vigilancia de omnipresentes soldados. Un bestiario marginal, inadaptado. Los personajes se convulsionan movidos por chispazos espontáneos y se relajan hasta caer en estado de latencia. La expresividad domina la acción mientras los bailarines, excelentes, gesticulan y se contorsionan empujados por una música elocuente y conmovedora. Iluminadas frases de Bach se mezclan con fragmentos de Nine Inch Nails, Animal Collective, Richter, Galas, Bright, Doves, Surman, Yoshihide y Be’er. Mix electrónico al que se añaden voces y efectos sonoros.
Algunas cartulinas y apenas media docena de telas componen la escenografía. El vestuario, en cambio, alcanza un destacado protagonismo. Se aprecia una influencia vintage en los uniformes militares, inspirados en la carátula del disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ de The Beatles, y una estilización naïve que parodia los tutús clásicos. Acierto indudable en el tratamiento alegórico del color -en bocetos y luminotecnia- asociando la gama de primarios a la evolución y a la esperanza. Tres cuartos de aforo. Aplausos.


El Comercio, periódico de Gijón.

lunes, 6 de diciembre de 2010

CORELLA BALLET

TALENTO Y TENACIDAD
MARIAN PIDAL


FESTIVAL DE DANZA DE OVIEDO
Intérprete: Corella Ballet Castilla y León.
Dirección: Ángel Corella.
Obras: ‘Bruch Violín Concerto Nº 1’, ‘Don Quijote
Grand Pas de Deux’, ‘Clear’, ‘We Got It Good’, ‘In
The Upper Room’.
Coreografías: Tippet, Petipa, Gorsky, Welch, Tharp.
Música: Bruch, Minkus, Bach, Ellington, Strayhorn,
Glass.
Lugar: Teatro Campoamor.



            Ángel Corella tiene el privilegio de ver cómo los sueños se convierten en realidad. Quiso ser bailarín y le sobró talento para codearse con los ‘exquisitos’ de la danza internacional. Aspiró a dirigir una compañía de ballet clásico y, en un derroche de tenacidad, se situó al frente del Corella Ballet de Castilla y León. Como bailarín y como director, el artista madrileño inauguró el miércoles el Festival de Danza de Oviedo. En una gala difícil de olvidar, el público que llenaba el teatro Campoamor disfrutó de algunas de las piezas más rutilantes del ballet neoclásico y contemporáneo.
            La velada se abrió con ‘Bruch Violín Concerto Nº 1’, una coreografía de Clark Tippet diseñada sobre el ‘Concierto nº 1 en Sol menor para violín, Opus 26’ de Max Bruch. Desde el respeto a la tradición, los bailarines resolvieron su intervención con solidez y aplomo. Acreditaron solvencia técnica y acierto en la expresión.
            Ángel Corella y Adiarys Almeida estuvieron soberbios en el Grand Pas de Deux del tercer acto de ‘Don Quijote’. Corella, vibrante, poderoso e intuitivo, asombró por la destreza en los giros y la seguridad en las elevaciones. Almeida, siempre refinada y sugerente, puso el contrapunto introspectivo y sutil. Ambos arrancaron la ovación más encendida de la noche.
            ‘Clear’, trabajo de Stanton Welch ilustrado con fragmentos de Johann Sebastian Bach, introdujo un estallido de vigor desbordante. Con el atentado del 11 S como trasfondo argumental, ocho bailarines se apoderan del escenario trazando figuras que convergen y divergen en un singular duelo entre el orden y el caos; la desesperación y el optimismo.
            ‘We Got It Good’ es un proyecto firmado por Stanton Welch para lucimiento de Ángel Corella. Concebido como un solo de jazz sobre el tema ‘Take The ‘A’ Train’, compuesto por Strayhorn y popularizado por Ellington, Corella construye un personaje pícaro y desinhibido, cimentado sobre el dominio técnico y el desparpajo escénico; el rol apropiado para revelar registros alternativos.
            La compañía se despidió con ‘In The Upper Room’, obra surgida de la inspiración de Twyla Tharp y Philip Glass. La coreografía genera una explosión de movimientos desenfrenados, un tanto agresivos, que corren paralelos a una partitura minimalista, más que repetitiva, machacona. Los bailarines, poseídos por un delirio contagioso, se distorsionan y agitan con precisión y disciplina. Impactante.
           


El Comercio, periódico de Gijón

JBARA

JBARA, EL ALQUIMISTA

MARIAN PIDAL

Música del Siglo XX’
Voz, guitarra y goumbri: Jbara.
Percusiones: Moussaid Jama.
Bajo: Illi Abdelhadi.
Guitarra: Alberto Rionda.
Teclados, flauta y gaita: Roberto Junquera.
Lugar: Sala Cultural de Cajastur.


            Robert Plant, vocalista de Led Zeppelin, y una orquesta tradicional marroquí proyectados sobre una pantalla gigante recibieron al público que acudió a presenciar la actuación de Jbara en la Sala Cultural de Cajastur. Un miércoles más, el ciclo ‘Música del siglo XX’ se arriesgó con un concierto inquietante y atípico.
Maestro del goumbri, guitarrista, compositor y cantante, Jbara se descubre como un alquimista que parece haber encontrado la piedra filosofal en un estilo surgido del abrazo de las músicas raï, gnawa, rock, pop, house, berebere, andalusí y reggae. Jbara es una refrescante revelación de la música marroquí contemporánea. Un hallazgo difícil de clasificar a causa de las múltiples etiquetas que lleva colgadas. Creador genuino del world marocain, pionero del raï-rock, y abanderado de la fusión celta-gnawa, son algunas de las más vistosas. Él evita pronunciarse con palabras y habla a través de una música en la que se difuminan los límites entre la antigüedad y el presente.
El repertorio que ofreció en Oviedo reunió temas arraigados en el folclore marroquí, interpretados con rigor, y canciones propias, híbridas y aperturistas; hermanó sonidos de instrumentos centenarios y actuales, y recorrió páginas inspiradas en historias del cancionero popular y en las vivencias más inmediatas. Fue un rockero soleando como Hendrix y un cronista comprometido lamentando la suerte del pueblo iraquí.
Jbara sorprendió y convenció al auditorio con un recital colorista animado con percusiones fogosas y vocalizaciones inevitablemente étnicas al servicio del mestizaje. En busca de la fusión total, estuvo acompañado por un cuarteto insólito y multicultural. De un lado, los habituales Illi Abdelhadi, bajo, y Moussaid Jama, percusión; de otro, el componente de Asgaya y director de los estudios Luna Music Roberto Junquera,  teclados, flauta y gaita, y el guitarrista de Avalanch, Alberto Rionda. Estos dos jóvenes asturianos colaboraron con el músico marroquí en la grabación de su último cedé, ‘Alcántara’.
Entre los temas más interesantes de la noche merecen un recuerdo especial los acústicos ‘Yalfa’, ‘Sodani’ y ‘Lala Malika’, y los world music ‘Maandakwali’, ‘Finkoum’, ‘Maya’ y ‘Youbati’.



El Comercio, periódico de Gijón

LA CHICANA




TANGOS MESTIZOS
MARIAN PIDAL

MÚSICA DEL SIGLO XX
Intérpretes: La Chicana.
Lugar: Sala Cultural de Cajastur, Oviedo.

            La cantante Dolores Solá y el compositor y guitarrista Acho Estol son desde 1995 los impulsores del conjunto La Chicana; una formación que creció y se afianzó combinando el respeto al tango primitivo y el deseo por abrir nuevos caminos a un género que admite casi todas las fusiones imaginables.
            Solá canta con una voz cálida y personal que, por emotividad y garra, evoca el estilo depurado de La Rinaldi. Estol, músico y poeta, es, en el fondo, un rockero inquieto y subversivo; salvaje o refinado, según se tercie.
La Chicana está de gira por España y el miércoles pasó por Oviedo para actuar en el ciclo ‘Música del siglo XX’, de Cajastur. Ante un público conocedor de su trayectoria, Solá y Estol estuvieron acompañados por Osiris Rodríguez, al violín; Patricio Bonfiglio, al bandoneón; Daniel Torres, al bajo, y Federico Tellechea, en la percusión. Casi al final del concierto, sorpresivamente, se les unió Anabel Santiago en el tema ‘Ayer hoy era mañana’.
Lola y Acho están familiarizados con la corriente defensora del tango mítico; el de Discépolo, Arolas y Gardel. En su presentación en Oviedo dieron gusto a los puristas y rindieron homenaje a la tradición con piezas como ‘Una noche de garufa’, ‘Fuegos artificiales’ y ‘Confesión’. Exaltaron la negritud del tango y de otros ritmos iberoamericanos que comparten con él raíz y estética. Con oficio, se marcaron tangos fundidos con el vals y la habanera, milongas, forrós brasileños y taquiraris bolivianos. Pero donde alcanzaron su verdadera dimensión y se desmarcaron de otras formaciones parecidas fue, como siempre, en el desarrollo de las canciones firmadas por Estol; ésas que amortiguan historias trágicas con chispazos de humor y personajes de sainete. Las que aplauden los seguidores del ‘nuevo tango’ o, como reza el título de uno de sus cedés, del ‘tango agazapado’.  
 ‘Canción llorada’, ‘Te vas a hacer golpear’, ‘Viaje astral’ y ‘Juguete rabioso’ fueron los temas más aplaudidos de la noche.







El Comercio, periódico de Gijón

FRANCA MASU

LA DAMA DEL MAR
MARIAN PIDAL

            Franca Masu es una cantante de raza. Hace años abandonó las aulas y dejó de enseñar literatura para enseñar a cantar en sus actuaciones en directo; todas y cada una de ellas son lecciones magistrales de técnica vocal y dominio escénico.
            Masu prepara con esmero sus recitales. Desde la apariencia -esmerada hasta el último detalle y siempre elegante- hasta la elección del repertorio y de los compañeros de escena, todo lo que rodea sus conciertos denota profesionalidad y un trabajo de equipo esforzado y convincente.
A la cantante y compositora sarda Franca Masu se la conoce como ‘La Gran Dama del Mare Nostrum’. La etiqueta le cuadra porque, como ella misma reconoce, el Mediterráneo es todo en su vida. Sus canciones cuentan historias y sentimientos de tierras bañadas por un mar que se convirtió en el centro de su centro vital desde sus primeros recuerdos. La naturalidad con que se expresa nace de cantar a lo conocido; a lo experimentado en la carne propia y en la de los que la rodean. En la memoria de la tradición. Así, conjuga la nostalgia de las serenatas populares de Cerdeña, la cadencia de las melodías catalanas, el ritmo latente del flamenco y el lamento del fado que viaja hasta el Sur.
Los textos y las músicas de los temas de Masu son, indudablemente, inspirados y se engrandecen con el poder vocal que les imprime; un poder que reside en un color de voz bellísimo; una amplitud de registros admirable; una afinación perfecta y un gusto exquisito en la forma de decir.
Derrochando voz y sentimiento, Franca Masu actuó el miércoles en el ciclo ‘Música del siglo XX’, de Cajastur. Arropada por un cuarteto experimentado -excelente el acordeonista y vocalista Fausto Becallosi- se ganó la admiración del público con temas de los cedés ‘Alquimia y ‘Aquamare’ y emocionó con las recreaciones, entre otras, de ‘Veu acorada’, ‘Passa Jesucrist’, ‘Tria la vida’ y ‘Lo Nassaiolo’. ‘Alfonsina y el mar’, de propina,  sirvió de remate a una gala soberbia.



 El Comercio, periódico de Gijón

domingo, 5 de diciembre de 2010

MARINA ROSELL

MARINA ROSSELL, DE CORAZÓN

MARIAN PIDAL

‘Música del siglo XX’

Voz y guitarra: Marina Rossell.
Piano y acordeón: Maurici Villavecchia.
Lugar: Sala Cultural de Cajastur.

            La cantante Marina Rossell revivió el miércoles en Oviedo algunos de sus temas más aplaudidos en un concierto patrocinado por Cajastur para el ciclo ‘Música del siglo XX’. Fiel a la imagen austera y discreta que la acompaña desde hace más de treinta años, Marina continúa siendo un icono insustituible de la canción popular catalana;  impermeable al paso del tiempo y a las tendencias. Sus planteamientos ideológicos - estoicamente coherentes- y su combatividad en pro de los derechos humanos -invariablemente pacifista- le han granjeado el respeto de un público incondicional que se rinde ante la valentía irritante de sus canciones más comprometidas y que se acomoda despreocupadamente en sus versiones más plácidas del repertorio anónimo tradicional.
Marina Rossell, cantante y cantautora, mantiene intacta su capacidad de transmitir emociones. Canta de corazón y a corazón abierto piezas con planteamientos tan distantes -pero no por ello menos emotivos- como la habanera ‘Yo te diré’, de la película ‘Los últimos de Filipinas’, o la canción republicana de la Guerra Civil, ‘El frente de Gandesa’. Esboza ternura, siempre con equilibrio y delicadeza, en los poemas de amor -‘Deslumbrada’, ‘¿Cómo te olvidaste de eso?’, ‘Perquè t’estimo’, ‘Si las palabras curan’-; mira con reverencia al pasado al recrear escenas costumbristas -‘¿De qué hablas, habanera?’, ‘Els contrabandistes’-; rescata de la caducidad mensajes al borde del silencio -‘Ha llovido’, ‘Emiliano Zapata’-, y regresa a la rebeldía de la juventud cuando interpreta el himno feminista, su himno,  La Gavina’.
Marina Rossell actuó en compañía del pianista y acordeonista Maurici Villavecchia, uno de sus más íntimos y habituales colaboradores; un músico que maneja con habilidad los tiempos que requiere la cantante y que se pliega con docilidad a sus arranques de improvisación. Rossell y Villavecchia llegaron a Oviedo para ofrecer un recital de habaneras. En realidad, una excusa para deleitar al auditorio con algunos de los títulos emblemáticos de la ‘Nova Cançó’. Sus admiradores  se lo agradecieron.


El Comercio, periódico de Gijón


GUSTAVO DUDAMEL

EN EL AUDITORIO
MARIAN PIDAL

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana.
Director: Gustavo Dudamel.
Programa: Beethoven, Tchaikovsky.
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe.

Que Gustavo Dudamel triunfaría en su presentación en Oviedo al frente de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana, se daba por hecho. Las apuestas circulaban en realidad respecto al grado de fascinación que despertaría y si las excelencias que circulan acerca de los jóvenes intérpretes que lidera serían una exageración. Dos horas sirvieron para aclarar las dudas.
Dudamel posee un talento que desata pasiones y enciende los auditorios que pisa. Su capacidad para descifrar la esencia de las obras musicales más complejas y comprometidas dista mucho de hallarse en el límite. Su paso por orquestas de prestigio no ha hecho más que empezar y se espera con impaciencia su trabajo al frente de la Filarmónica de Los Ángeles.
Acostumbrado a dirigir agrupaciones orquestales de solidez contrastada, Dudamel no rebaja su nivel de exigencia cuando se coloca al frente de una orquesta llamativamente joven como la Sinfónica de la Juventud Venezolana, contagiada, inevitablemente, de cierta inmadurez e incertidumbre. Si durante el concierto se pudieron apreciar 'tempi' algo forzados o puntuales desajustes, debe tenerse en cuenta que son el resultado de una interpretación apasionada y vibrante. Nada más. La formación venezolana es, por encima de eso un equipo disciplinado y dúctil; sobresaliente en la afinación y preciso en la dinámica. El color que apuntan las maderas posee gran belleza y la claridad y el empaste de los metales, es elogiable. El recital se abrió con la 'Sinfonía nº 7 en La Mayor, Opus 92', de Beethoven. Lástima que los móviles, siempre irritantes e irrespetuosos, hicieran acto de presencia tras los primeros compases. La cuestión sobrepasa la anécdota y lleva camino de convertirse en costumbre.
Dudamel perfiló una visión de la Séptima enérgica, ágil y emotiva en la que sobresalieron el 'Allegretto' y el 'Allegro con brio'' La segunda parte acogió la 'Sinfonía nº 5 en Mi Menor, Opus 64', de Tchaikovsky; una pieza ejecutada con las dosis de hondura, lirismo y decisión imprescindibles, sin dejarse llevar por la sobreactuación. El 'Andante cantabile' fue todo un acierto.
La propina, reclamada durante varios minutos, puso la nota exuberante a la velada con el 'Mambo', de Bersntein, interpretado siguiendo una original coreografía llena de colorido y viveza. Bravo.


El Comercio, periódico de Gijón