domingo, 5 de diciembre de 2010

RAFAEL JIMÉNEZ "EL FALO"

AL MARGEN DE LA ORTODOXIA

MARIAN PIDAL


            El cantaor ovetense Rafael Jiménez ‘Falo’ despidió el martes en el Auditorio Príncipe Felipe el Ciclo de Flamenco organizado por Tribuna Ciudadana. El éxito de público, como en los conciertos precedentes, es un nuevo motivo de satisfacción para la asociación cultural ovetense y para la Peña Enrique Morente y Mundo Música, las dos entidades que la apoyaron en el ambicioso y arriesgado proyecto de acercar el flamenco al público asturiano.
Solemne e introspectivo, Falo emociona cuando canta con hondura litúrgica, como los viejos, y sentencia cuando se deja llevar por el mestizaje, como los  jóvenes. Desde el respeto a la tradición, despliega un flamenco atípico sostenido por una técnica vocal refinada y una puesta en escena al servicio de la austeridad.
En pie, de negro riguroso, con peinado tradicional japonés -en el camerino vestía un atuendo samurai-, Falo abrió el concierto con un inusual ‘Pregón de frutas’ salpicado con fragmentos de temas populares como ‘Asómate a la ventana’, éxito de Miguel Fleta, o ‘El Ebro guarda silencio’. Arropado por los convincentes Luis Escribano al contrabajo y Arcadio Marín a la guitarra, sentó las bases de un recital sobrio y comprometido, incómodo para los puristas.
Tomando posesión del escenario, cogiendo sitio, derrochó facultades y conocimiento a lo largo de un repertorio variado y exigente en el que se sucedieron  cantes del acervo tradicional y temas de su disco ‘¡Cante gitano!’
Sedujo con alegrías reposadas, tientos intensos, guajiras amables, tangos zumbones y bulerías cabales. Emocionó con unas irreprochables malagueñas de El Mellizo y una recreación del ‘Romance de la monja’ en la línea de El Negro. En la farruca y en las alegrías que bailó Joaquín Ruiz, sólido y entregado como de costumbre, dominó el cante de atrás.
A punto de finalizar la gala, Falo dedicó palabras de agradecimiento a cuantos hicieron posible su presentación en Oviedo, ciudad en la que dio sus primeros pasos en el mundo del flamenco profesional, y se conmovió al recordar a José Cuadra, figura determinante en su vida artística y personal. Esto último también alcanza a su tía abuela Chata, la gitana que le familiarizó con la música popular asturiana y a la que dedicó una bulería de aire vaqueiro, con tercios en bable, con la que el cuarteto se despidió del público asturiano.
El auditorio, en pie, aclamó con entusiasmo a un cantaor gitano que abandera el flamenco vivo al margen de la ortodoxia: Rafael Jiménez ‘Falo’.




 El Comercio, periódico de Gijón

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